PRIMAVERA


  • Noviembre 20, 2019
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PRIMAVERA

PRIMAVERA

 

Milton Dorat

Fotografía: Serie “El SENAME visto desde los ojos de sus niños”

 

Emocionados, vivimos desde lejos las masivas marchas en todo Chile. Desesperados, vemos cómo los abusadores de corbata lanzan zarpazos rabiosos para aferrarse al poder usando a sus eufóricas y uniformadas marionetas para lastimar, aterrorizar y matar. Es en estos momentos cuando más lamento que los militares decentes y humanos que conozco no tengan aún las estrellas suficientes para oponerse a la locura del gatillo fácil, al horror de la tortura.

 

Hace unos días hubo destrozos, rayados y saqueos en un Café Literario de Providencia, la primera obra en la que participé como arquitecto colaborador; el autor fue Germán Bannen, un amigo que falleció hace algunas semanas, luego de más de medio siglo al servicio de la ciudad. Mirando fotos y videos del maltrecho edificio, fue imposible no sentir tristeza e impotencia, no por el hormigón visto, el coihue y los cristales, tampoco por los libros, sino por el dolor acumulado y transformado en rabia de una sociedad profundamente dañada, porque nosotros, habituados a esconder la basura bajo la alfombra, no queremos ver que quienes roban y destruyen están en la otra cara de la misma moneda cuyo lado engañosamente brillante habitamos unos pocos privilegiados.

 

“¡Es que a esas escorias deberían enseñarles en sus casas!” 

 

¿¡Cuáles casas!? ¿Esas jaulas hacinadas en las periferias de cada metrópolis latinoamericana? ¿Esas chozas húmedas donde los tabiques de cartón sirven sólo para no mirar la pelea y el grito que sí se escuchan, el sexo forzado que sí se escucha, la amenaza que sí se escucha, la basura de Morandé con Compañía que sí se escucha en vez de la voz tranquila de unos padres que no habiten la angustia miserable de cada nuevo día? ¿Esas cuevas tristes en el lecho del Mapocho o entre espacios públicos de mierda que se inundan todos y cada uno de los inviernos? ¿¡Cuáles casas!?

 

¿¡Y cuál escoria!? ¿Los hijos y nietos de los expulsados de sus villas porque estaban en suelos potencialmente muy caros para la calculadora de los Chicago Boys? ¿Los niños-animales apartados por ensuciar la estética del paisajismo genético que prefiere los tonos ocres y amarillos? ¿Los hijos de la pasta base, la escopeta hechiza y la barra brava? ¿Los niños que crecieron abandonados porque su mamá viaja 4 horas para limpiar caca humana y canina por dos chauchas y que además tiene que sonreír agradecida porque tiene trabajo? ¿Los hijos-simio de un ausente padre-simio que a la fuerza aprendió a matar o morir antes que a amarrarse los zapatos recogidos del vertedero más cercano? ¿Los niños-lacra violados por la iglesia impune o bajo la protección estatal corrupta del SENAME? ¿¡Quiénes son los simios, los animales!? ¿¡Quiénes son las escorias, carajo!?

 

¿Algún espejo a mano? 

 

¿Y qué vemos? ¿Qué hemos hecho para evitar el abuso? ¿A qué precio hemos vendido nuestro silencio, nuestra cómplice mirada al techo? Y ese dinero tan bien habido, ¿en qué lo gastamos? ¿en las basuras desechables que vende el retail según la celebración de turno? ¿A qué bolsillo llega al final del día? ¿Al del piadoso universitario que iba a misiones a posar con polera blanca, martillo y serrucho pero ahora como gerente paga sueldos de hambre? ¿Al del patrón que seca un valle de plantas y animales agonizantes para regar sus paltas de exportación? ¿Al del empresario mañoso que se colude para abusar de trabajadores y clientes y luego sobornar a sus títeres en los tres Poderes del Estado?

 

Chile Despertó, y no será sólo para ir a mear, silente, en la oscuridad de medianoche. 

 

No pasar frío y hambre; llevar al hijo enfermo al doctor; no optar por el suicidio que amaine la miserable economía familiar durante la vejez; pasar unas horas en la sección infantil de una biblioteca pública; tal vez, el lujo de dar o recibir una caricia en el pelo o un abrazo con amor; vivir con dignidad. Esos son hoy nuestros privilegios, los que Ellos, los simios, los animales, la escoria, han mirado siempre desde lejos, desde el dolor y la rabia, desde del olvido y el invierno afilado e interminable previo a esta sangrienta pero imprescindible Primavera.

 

 

 

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